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9 de mayo de 2014

LECTORES DE MÚSICA / ¿Qué buscan los lectores musicales?


La música es uno de los productos culturales más antiguos que se conoce. Quizá por eso otras manifestaciones artísticas como la literatura, la pintura, la escultura, la danza o el teatro han bebido desde sus orígenes de ella, bien como inspiración o bien como una parte intrínseca de ella, como por ejemplo en el caso de la danza o del teatro. En todo caso la relación de la música con el resto de las artes clásicas es longeva: la música nació de la imitación de los sonidos de la naturaleza, y la literatura, especialmente la poesía, como un intento de poner palabras a esos sonidos. Por otra parte, la música estaba destinada al baile, que en sus orígenes tenía un carácter ceremonial o sagrado. Con el tiempo, las canciones (música y letra) se convirtieron en una forma de instruir y de adoctrinar la memoria colectiva de cada comunidad loando valores morales, pautas y normas. Después, cuando el ser humano sintió la necesidad de expresarse y hacer oír sus sentimientos, recurrió a esta misma fórmula: movimientos de cuerpo que se acompañaban de sonidos que cada vez se iban enriqueciendo con un ritmo y una melodía adecuada y, finalmente, con palabras. Pasados los años ambas artes se desarrollaron por separado, introduciendo sus propios géneros y características, pero siempre “mirándose” la una a la otra. 

Como vemos, la relación entre música y literatura es una de las más fructíferas que existe. Su fusión ha sido estudiada durante siglos por la cantidad de paralelismos, similitudes, divergencias e influencias que existen en ambas expresiones artísticas. Algunos géneros se convierten en híbridos de ambas, como por ejemplo la ópera, el lied o la mélodie française del siglo XIX. También los musicales, tal y como los concebimos hoy en día, funden ambas artes, en este caso la música con un género de la literatura, que es el teatro. Por eso, la música, además de escucharse o interpretarse, también puede leerse. Y no nos referimos a la lectura de pentagramas si no a que, en muchos casos, la música se convierte en el centro, en el tema de discusión, debate o desarrollo de todo tipo de obras literarias, desde tratados de música que han inspirado a filósofos de todos los tiempos hasta ensayos, crónicas, biografías o críticas musicales. Esto hace que la música (es decir, los libros de música) tenga un importante peso en el mercado editorial. 

En todo caso, lo que muchos se preguntan es si fue antes la demanda de libros musicales o la oferta, lo que plantea la posibilidad de que exista en el mercado editorial actual una “burbuja” de libros sobre música. 

Posibles causas de un aumento de libros en este sector

Es curioso que el aumento del sector editorial especializado en música contraste con la caída de ventas en el último año: según la FGEE (Federación de Gremios de Escritores de España) en los seis primeros de 2013 se publicaron aproximadamente un 20% menos de títulos que en el mismo periodo de 2012. Sin embargo, en el caso de la música no es así. ¿Desde cuando? El fenómeno parece relativamente reciente, “exportado” (en música pasa habitualmente) del mundo anglosajón, independientemente de que se trate de libros especializados en música popular, clásica o experimental. 

¿Cuáles son los motivos de este aumento? Una de las posibles causas es que aquel que se considera un amante de la música se convierta también en lector como una forma de reivindicación ante el perceptor de música popular. En este sentido, está claro que el número de personas que escuchan música es mucho mayor que el que lee sobre música, dándole a estos segundos un toque diferenciador, quizá a veces  un tanto “elitista”. Por otra parte, la lectura de libros de música no sustituye a la compra de CD, así que no hablamos de una migración de productos culturales. En este sentido si que hay que hacer un breve inciso sobre el importante papel la crítica musical dentro del panorama editorial. Cada vez se demandan más libros que sean recopilaciones de artículos de revistas y medios “tradicionales” o digitales escritor por críticos musicales de cierto prestigio. 

Otro de los motivos del aumento de libros de música podría ser el fenómeno "fan" que hemos heredado de los años noventa y que parece revivir en esta nueva década, lo que explicaría la proliferación de libros de música orientados a seguidores de un grupo o un músico relativamente actual que incluiría, por ejemplo, biografías, álbumes fotográficos de giras y, en definitiva, material que roza el “fetichismo” y que tiene un público mucho más concreto. 

Y finalmente encontraríamos una explicación al aumento de ciertos tipos de libros de música vinculado al propio devenir de la industria editorial contemporánea y que, de alguna forma, ha tenido que adaptarse a los gustos de los consumidores. En este sentido, el campo de los libros de música se ha visto “invadido” al igual que otros nichos del mercado editorial por la alimentación de leyendas (en este caso, musicales), la deconstrucción de estos mismos iconos, las autobiografías que rompen esquemas, los libros que intentan averiguar las claves del éxito de un grupo o de una canción o aquellas publicaciones que nos ofrecen los detalles más escabrosos de una estrella del negocio. En este sentido son las propias editoriales las que deben apostar por los productos a editar dependiendo de sus lectores/clientes. En todo casi hay que tener algo claro: la calidad de un músico no siempre es proporcional a un libro escritor por él o sobre él. 

¿Qué buscan los lectores de libros de música?

Existen muchos lectores de libros de música. Los motivos que les llevan a consumir este tipo de productos son tantos como el número de lectores. Sin embargo, sí que parece establecerse un punto común en todos ellos que es la búsqueda de un contacto mayor con el músico, en su faceta de artista y también como persona. Evidentemente el número de personas interesada en establecer estos “vínculos afectivos” es mucho menor que la escucha músical. Por esto, tradicionalmente el comprador de este tipo de libros es más exigente que el comprador al uso, y esto es igual para el que compra libros sobre música clásica, que el lo hace sobre jazz, pop o rock o quien lo hace sobre aprendizaje musical. Los compradores de libros de música exigen, normalmente, ediciones bien hechas, más cuidadas y en las que el diseño y la imagen tienen un peso considerable. 

Las temáticas que buscan estos lectores también son muy variadas. Destacan especialmente los libros que van dirigidos a la formación y el aprendizaje en el sentido más amplio de la palabra, es decir, desde los libros de aprendizaje musical de educación infantil (también llamados jardín musical) hasta los utilizados en las enseñanzas regladas de conservatorio, pasando por las metodologías y técnicas de mejora que interesan a músicos profesionales. Los libros técnicos y sobre cuestiones estéticas y filosóficas y las biografías de nombres propios de la música y los libros dedicados a la crítica musical completan el grueso de productos editoriales más demandados por el lector de música.

6 de diciembre de 2013

EDGAR WILLEMS/ Niños de hoy, músicos del mañana


A comienzos del siglo XX un nutrido grupo de músicos y pedagogos centraron sus investigaciones en el estudio de la formación musical para los más pequeños. La educación temprana en el arte, y concretamente en la música, se presentaba ya entonces como una realidad con resultados tangibles a corto plazo. La música ayuda a desarrollar el intelecto y ayuda a que los niños desarrollen sus sentidos, especialmente el oído. Por primera vez y rompiendo con los cánones más tradicionales, el concepto de educación musical (especialmente temprana) dejó de incluir palabras como instrucción o enseñanza, saliendo de ambos términos, que se reservaron desde entonces  para los años posteriores de formación musical. Así pues, la educación musical infantil pasa a entenderse como la extracción de una parte de la naturaleza humana, una parte de la esencia del hombre que sirve para despertar y desarrollar otras facultades. 

Los nombres asociados a este nuevo movimiento centrado en el campo de la formación musical infantil son muy conocidos. Entre ellos destacan Karl Orff, quien tomó como eje de su pedagogía musical el movimiento corporal como vehículo comunicativo y socializador, o Emile-Jacques Dalcroze, percusor de la musicoterapia al desarrollar una terapia educativa centrada en los enfermos y que partía de los ritmos que ellos mismos podían hacer para comunicarse.  Sin embargo, si hablamos de educación musical temprana, el referente obligatorio es el músico y pedagogo Edgar Willems, quién destacó la importancia de la iniciación musical de los más pequeños defendiendo la sensibilización musical desde la cuna y la educación musical en casa. 

La formación musical de Edgar Willems comenzó en su pueblo natal, Lanaken (Bélgica) donde recibió clases de piano. A pesar de que siguió estudiando música durante su paso por la Escuela de Bellas Artes de Bruselas, donde curó magisterio,  Willems siempre se definió a sí mismo como un “autodidacta” en este campo. 


La pasión de Edgar Willems por unir música y pedagogía surgió algunos años más tarde, tras instalarse en París. Allí conoció a gente que empezaba a investigar sobre cómo enseñar música, personas a su vez muy cercanas al espiritualismo, doctrina filosófica que él mismo profesaba. Entre estas personas que influyeron tanto a Edgar Willems se encontraban Raymond Duncan (hermano de la bailarina y coreógrafa Isadora Duncan) y  Lydie Malan,  de la Universidad de Ginebra y discípula brillante de Jaques-Dalcroze. Dalcroze había sido el “creador”de la musicoterapia y había propuesto como parte fundamental de su método el movimiento y la correcta posición del cuerpo para alcanzar una sólida base musical  tres elementos: 
  • ritmo
  • solfeo 
  • improvisación
A lo largo de su vida Willems realizó numerosas investigaciones acerca de la sensorialidad auditiva infantil y de la relación música- psiquismo humano.

El oído como fuente de la “sabiduría” y  la música como método de expresión

Antes de desarrollar su propio método pedagógico, Willems impartió varias clases de música en Ginebra, entre ellas un seminarios sobre filosofía y música y un curso de solfeo para adultos. Sin embargo, la investigación sobre cómo enseñar música y de qué forma hacerlo era lo que más le interesaba. Si algo fascinaba a Willems de Dalcroze era su concepción orgánica de la música, porque era una visión que, hasta cierto punto, ambos compartían. De hecho, el primero describe al ser humano como un sistema integral el cual en la música se involucra en sus tres dimensiones: la física, la espiritual y la afectiva. Otro de los puntos en los que ambos pedagogos coindicen es la necesidad de “desintelectualizar” la enseñanza musical. Es por eso, que Willems decidió centrarse en esta enseñanza destinada a los más pequeños.


El Método Willems se orienta a la educación de los niños, independientemente de sus dones musicales, para que puedan desarrollar a través de la música sus facultades sensoriales  y motrices, cognitivas y afectivas. En este sentido, la música es algo más que una asignatura que se aprende en el colegio: abarca formación musical “controlada” pero involucra también a las familias, apostando por una educación activa y creativa en la que la vida del niño y su desarrollo auditivo se ven favorecidos por lasensibilización hacia la música. La audición como actividad musical pasa entonces a ser un campo abierto y plural que mejora la inteligencia musical y que favorece la sensibilidad estética del alumno. 

Para desarrollar su método Willems analizó distintos modos de audición y acuñó el término  inteligencia auditiva, que permite crear relaciones entre sonoridades y movimientos y establecer analogías entre comprensión y esfuerzo constructivo y entre sensibilidad e intelectualidad, apostando en este último caso siempre por la primera en la educación infantil temprana.

Un modo de enseñar más lúdico y humano

En definitiva, ¿en qué consiste el Método Willems?  Lo primero que hay que tener en cuenta es que entre los objetivos de Willems se encontraba convertir la educación musical en algo agradable, sensible y ameno, cotidiano e incluso lúdico para poder extraer de ellas todas las ventajas para el desarrollo intelectual y motriz. Por ejemplo, mezclar sonido, texto y gráficos de una sola vez limita las explicaciones teóricas, que en la educación infantil pueden resultar aburridas, y permite trabajar con instrumentos como una forma más de expresión musical desde el primer momento. 



Teniendo esto claro, hay tres objetivos a tener en cuenta y que se desarrollan gracias a la educación musical infantil: 
  1. Objetivos musicales con los que el niño se desarrolla habilidades musicales y conoce esta manifestación humana artística desde distintas épocas y culturas.
  2. Objetivos  humanos que permitan que el niño desarrolle todas sus facultades, especialmente aquellas relacionadas con la creatividad y la intuición.
  3. Objetivos sociales que ponen de manifiesto la importancia de la música como elemento de comunicación y expresión tanto en un grupo de individuos iguales (un grupo de niños en el colegio) como en un ámbito más familiar. 
Los principales planteamientos del Método Willems se exponen en su libro “Bases psicológicas de la educación musical”.  En 1949 fundó la editorial Pro Música en Friburgo, donde publicó toda su obra en francés. Prácticamente toda la labor pedagógica y musical  de Edgar Willems fue desarrollada en Suiza, donde murió en 1978. 

18 de noviembre de 2013

EL EFECTO MOZART /¿Qué tipo de música nos hace más inteligentes?


La música amansa a las fieras. También calma el llanto de los niños. Algunos la usan para relajarse y otros para activarse, e incluso hay zapatillas deportivas que incorporan un pequeño dispositivo en la suela que  nos permite correr al ritmo que nos mandan las notas más graves. Escuchar una canción alegre puede ayudar a fortalecer nuestro estado de ánimo, mientras que si escuchamos un tema que nos deprime podemos “invocar” sentimientos más pesimistas. Un ejemplo que los expertos utilizan para corroborar esta teoría es el Quinteto en Sol menor K516, composición que Mozart acabó el 16 de mayo de 1787, justo doce días antes del fallecimiento de su padre. La tonalidad elegida por el compositor (sol menor) le permite hacernos llegar a través de la música los sentimientos encontrados que podía estar viviendo en un momento así, desde lo más dramático y tormentoso a lo más dulce, honesto e infantil.


Mozart String Quintet G min, K.516 Cornelia Löscher, Benjamin 
Bowman, Michel Camille, Steven Dann y Anssi Karttune (2011)

La música, pues es un método de expresión prácticamente innato del ser humano. Ahora un reciente estudio publicado por la Universidad de Huelva con niños de seis años asegura que la música no sólo aumenta la comprensión oral de una segunda lengua no materna (como puede ser el inglés) sino que además sirve para mejorar la producción oral y lectora de los más pequeños. 

La relación entre música (especialmente clásica) e inteligencia se estableció hace siglos. No es casualidad, por ejemplo que casi todos los llamados “genios” sintieran una fuerte pasión por ella. Con el paso de los años se ha comprobado que no sólo de “clásica” vive el hombre, y que escuchar  cualquier tipo de música una media de 30 minutos de música al día no sólo relaja la mente sino que genera otros beneficios en el organismo. 


Mozart niño

Los efectos neurológicos de la música son muchísimos. De hecho, es una de las actividades artísticas cuyos resultados son más estudiados. Durante los años 90 del siglo pasado llegó a extenderse una teoría al respecto, conocida como efecto Mozart, y que se apoyaba en una serie de estudios de campo según los cuales escuchar al compositor austriaco incrementaba la inteligencia de los bebés.  Con el tiempo se ha comprobado que aquella teoría no era del todo cierta.  En el año 2006 se realizó en el Reino Unido una investigación en la que ocho mil niños de entre 6 y 12 años que escuchaban música durante los diez minutos previos a una prueba de conocimientos generales. De todos los niños, la mitad escucharon a Mozart y la otra mitad tres canciones del grupo pop Blur. Sorprendentemente y contra lo que muchos pensaban, los niños que escuchaban las canciones Pop les iba mejor en las pruebas que aquellos que escuchaban Mozart. Algunos años después, en el 2010, la Universidad de Viena publicó un estudio en la revista Intelligence que echaba por tierra las teorías que la psicóloga de la Universidad de Wisconsin Frances Rauscher y el neurobiólogo Gordon Shaw habían publicado en la revista Nature en 1993 y que habían dado origen al mítico efecto Mozart.  

Sin embargo, esta “leyenda” sobre si escuchar a Mozart nos hace más inteligentes o no, tiene su base científica real. Lo que ocurre es que la clave no está en el tipo de música que escuchamos sino en el volumen, en el ritmo y en el tipo de emociones que ésta nos genera. 


La sonata para dos pianos en re mayor, K448, de Mozart, 
una de las canciones básicas del Efecto Mozart


¿Dónde el mito y dónde la realidad del efecto Mozart?




La música no sólo influyen en nuestro estado de ánimo de forma eventual o inmediata, aunque sí que es cierto que nos ayuda a producir dopamina, un neurotransmisor relacionado con los sistemas de recompensa abstracta (lejos de otro tipo de placeres más  producidos por instintos más básicos como por ejemplo la comida) y que genera bienestar.  La generación de dopamina en una madre embarazada beneficia al bebé, que percibirá ese bienestar como suyo, y generará desde un estado fetal un desarrollo de las emociones temprano. Por otra parte, el sistema auditivo comienza a desarrollarse en el último trimestre de gestación, hacia el quinto mes de embarazo. Así que, desde ese momento, el bebé es capaz de reaccionar a los mismos estímulos sonoros que recibe su madre.

A nivel neurológico la enseñanza musical acelera el desarrollo del córtex cerebral de los niños y tiene un efecto positivo sobre la memoria y la atención, facilitando el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas. La explicación no está tanto en el tipo de música que un niño escuche sino en el volumen y sobre todo, en el ritmo de ésta. Además, por supuesto, de que el niño se sienta identificado de alguna forma con esta música, y que ésta le genera un tipo de recuerdos/emociones u otros. Pero sobre todo, la respuesta a porqué la música influye tanto en el cerebro de los niños es que es capaz de estimular  las mismas áreas del cerebro implicadas en la percepción musical intervienen también en el lenguaje y las tareas de lectura. De ahí que sirva para reforzar un desarrollo más favorable de las habilidades lingüísticas y cognitivas de los niños. Y por eso que algunos quisieran darle todo el mérito a Mozart, aunque en realidad, Schubert, Beethoven, Puccini o Bach podrían adjudicarse el mismo efecto. También otros compositores de música jazz, blues, funky y rock.


Lo que es innegable es que una estimulación musical temprana ayuda a que el niño desarrolle de forma más fácil ciertas capacidades cognitivas y motoras (si añadimos a la música otras actividades relacionadas como la danza o el canto). La edad de refuerzo de estas capacidades es a partir de los cuatro años. En estos primeros años, los niños estimulados musicalmente desarrollan su parte lógica son capaces de buscar solución a pequeños problemas y el sentido del equilibro y la musculatura. Cuando el niño es un poco más mayor, la música y otras actividades relacionadas, como la danza, le brindan la oportunidad de interactuar con adultos además de fortalecer su imaginación y su capacidad creativa. 


A partir de los 3 años los niños pueden aprender signos musicales como el pentagrama, la clave de sol o las notas musicales. Conceptos como la duración, la velocidad, la altura y la intensidad musical; y consiguen que se familiaricen con los instrumentos musicales. Más info

Y ahí no queda todo: lo que escuchamos siendo niños puede influir en nuestro desarrollo emocional y también cuando somos adultos. Configurar a la largo de nuestra vida cierta sensibilidad relacionada con la música puede traernos muchos beneficios. Un reciente estudio publicado por la prestigiosa revista científica Journal of Neuroscience asegura, por ejemplo,  que las personas que recibieron clases de música siendo niños o que han tocado algún instrumento en su infancia y juventud envejecen de forma más saludable, y que tienen una respuesta cerebral más rápida a los sonidos y las voces. 


30 de septiembre de 2013

LENGUAJE MUSICAL



Impromptu Editores acaba de publicar el cuarto volumen de Fortísimo Entonación volumen 4, libro que completa el grado elemental de la asignatura de Lenguaje Musical. Fortíssimo consta de dos libros por curso, Fortíssimo Ritmo y Fortíssimo Entonación.

Se trata de la más moderna apuesta metodológica que potencia los recursos que el alumno tiene a su alcance; intuición, memoria, lógica, trabajo, ..., el uso de las tres claves para que el alumno se hatbiúe a la lectura utilizando la interválica, así como el trabajo del sistema de lectura de alturas, logrando el objetivo de una formación sólida en el grado elemental del Lenguaje Musical.

Fortíssimo se nutre de fragmetnos de compositores como Mozart, Bach, Purcell, Beethoven, ..., canciones populares y popularizadas para que al mismo tiempo que aprenden, conozcan el repertorio básico y a sus compositores. Extensión, elementos de expresión y combinación de dificultades donde el alumno sienta que hace música y que no se trata de meros ejercicios. Todos los volúmenes de la colección Fortíssimo Entonación se complementan con un CD.