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2 de abril de 2014

MÚSICA EN EQUILIBRIO/ Principios de la Técnica Alexander


Aliviar el dolor y la tensión muscular, relajar la mente y controlar nuestras emociones. Estos tres puntos son fundamentales para tener un mayor control sobre nuestro cuerpo y nuestra mente y, gracias a ello, un mayor rendimiento en aquello que queramos hacer. La Técnica Alexander es una de las técnicas para el alto rendimiento más desarrolladas y con más vigencia en el campo de lo psicofísico, aunque su aceptación en el campo científico es relativamente reciente y han hecho falta años y estudios empíricos para demostrar su eficacia. A grandes rasgos, la Técnica Alexander tiene como objetivo principal conseguir el equilibrio, un equilibro capaz de generar bienestar y actitud positiva. Este equilibro se consigue a través del conocimiento y comprensión de nuestro propio cuerpo y de nuestra mente a través del control de la relación entre cuello, espalda y cabeza. 


Por supuesto la Técnica Alexander puede aplicarse a todo el mundo y entra dentro de esas prácticas que facilitan nuestra vida cotidiana. Pero también es cierto que este equilibro es más necesario en algunos profesionales sometidos a presiones escénicas, posturales o con esfuerzos intensos concretos. Entre estas personas destacan especialmente los deportistas (que pueden obtener gracias a este método mayor elasticidad y timing) y los profesionales de las artes escénicas como músicos, cantantes, actores y bailarines, que la aplican como un método eficaz para ganar seguridad en el escenario, mejorar coordinación y controlar el nivel de energía, la percepción y la calidad de la voz. Precisamente es en el campo de la música donde esta técnica tiene más adeptos y aplicaciones en la actualidad. Por eso, a pesar de que se trata de un método difícil de definir con palabras, vamos a intentar describir qué es la Técnica Alexander, cuál es su origen y cómo los músicos pueden aplicarla con éxito.

Frederik Matthias Alexander: el actor que perdía la voz en el escenario

La Técnica Alexander recibe su nombre de su creador, Frederik Matthias Alexander. Frederik Alexander era actor y recitador de éxito. Se había formado en el teatro y participaba en recitales en Melbourne, ciudad a la que se había trasladado a los veinte años. Su niñez había transcurrido en Tasmania, donde se había convertido en un experto adiestrador ecuestre desarrollando una sensibilidad especial en el tacto, algo que como veremos más adelante, será fundamental en el desarrollo y explicación de su técnica. Cuando su carrera profesional comenzaba a despuntar, Frederik sufrió un accidente que cambió su vida para siempre: se quedó totalmente mudo durante un recital. Buscó respuestas en diversos médicos y, al no encontrarlas, empezó a buscar los motivos que habían hecho que se quedara sin voz.

Su punto de partida fue la observación de sí mismo: si no había nada patológico, si no había nada que los médicos pudieran ver, si su voz en circunstancias normales “funcionaba” correctamente, la respuesta tenía que estar en que él mismo, de forma inconsciente, hiciera algo cuando subiera al escenario que neutralizaba su voz. Tras un largo tiempo de autoexploración que incluía observarse a sí mismo durante horas con espejos, se dio cuenta de que la clave de todo estaba en la relación entre cuello, cabeza y espalda. También se percató de que algunos movimientos iban ligados a una contracción de su cuerpo, y que para evitar esa contracción, debía evitar directamente ese movimiento. Es decir: había que empezar de cero. 


Teniendo en cuenta eso, Alexander estableció los siguientes principios: 
  • CONTROL PRIMARIO. Sobre cuello, espalda y cabeza.
  • SABER PARAR. Frenar lo que te impide avanzar y empezar de cero, siguiendo siempre los principios de la relación de cuello, espalda y cabeza.
  • INHIBICIÓN. O lo que es lo mismo, conseguir un buen CONTROL PRIMARIO antes de emprender cualquier acción.

Tras varios años Frederik Alexander consiguió superar sus problemas vocales. De vuelta a los escenarios muchos compañeros y algunos de los médicos que no habían podido “curar” su problema le incitaron a que ayudara a otros con su método milagroso. Además, aquel sentido del tacto tan extradesarrollado desde su infancia le permitía no sólo ser más consciente del control primario en su propio cuerpo sino que era una baza fundamental para poder enseñarlo a los demás.

En 1904 abandona definitivamente Australia y se muda a Inglaterra donde durante los 25 años siguientes enseña su técnica en Londres y Estados Unidos, abriendo su primer Centro de Técnica Alexander en 1931. Dedicará el resto de su vida a mejorar y divulgar su técnica, que tuvo entre sus seguidores nombres con entidad como George Bernad Shaw, John Dewey, Aldous Huxley. Alexander dedicó el resto de su vida a la divulgación y mejora de su método. 

Las enseñanzas de  Frederik Matthias Alexander se recogen en cuatro libros: 
  1. “MAN’S SUPREME INHERITANCE” – 1910
  2. “CONSTRUCTIVE CONSCIOUS CONTROL OF THE INDIVIDUAL” – 1924
  3. “THE USE OF THE SELF” – 1932.
  4. “THE UNIVERSAL CONSTANT IN LIVING” – 1942



Para empezar, hay que destacar que la Técnica Alexander no es una tabla de ejercicios ni un tratamiento. Es una educación (o mejor dicho, re-educación) de uno mismo que aporta seguridad y control sobre nuestro cuerpo. Tiene su origen en la educación corporal para aprender a hacer movimientos de forma libre, relajada y con más facilidad. Para ello es fundamental entender cómo esta diseñado nuestro cuerpo y establecer así una coordinación perfecta entre éste y nuestra mente. Este proceso exige, de forma gradual y a veces lenta, un primer reconocimiento de nuestros hábitos adquiridos para ir perdiéndolos en favor de otros más naturales y que son los que nuestra propia mente nos pide. 


La Técnica Alexander intenta restablecer hasta el punto cero la relación natural entre cabeza, cuello y la espalda, que son el centro del cuerpo y a la vez las partes que dan soporte y fuerza a los miembros los cuales proveen la estructura para la respiración y para los órganos internos. Esta relación natural entre cabeza, cuello y espalda puede verse trabajando correctamente y sin esfuerzo en niños pequeños.

¿Por qué los músicos? El aspecto físico de tocar un instrumento implica una serie de movimientos complejos y muy repetitivos que implican la actividad de diferentes órganos y partes del cuerpo como brazos, manos, dedos o aparato respiratorio. Las dificultades que sufren la mayoría de los músicos es que tienen dolor derivado de estos movimientos repetitivos. El motivo es que estos dolores muchas veces son causados porque ese “movimiento” se aprendió en su origen con una contracción muscular innecesaria. Cuando lo aprendimos así, lo hicimos por debajo de nuestro registro sensorial, sin ser conscientes de ello, y una vez asimilado somos incapaces de realizar ese movimiento sin la contracción asociada a él. Nuestro cuerpo y nuestra mente están totalmente viciados. Además, estos hábitos vienen asociados por un estímulo inicial y una respuesta. En el caso de los músicos, el estímulo es “quiero tocar un instrumento” y la respuesta es esa sucesión de movimiento+contracción. Enseñar el principio de la técnica a un músico tiene como objetivo incrementar la conciencia de él mismo como un todo hasta que pueda detectar la interferencia en el control primario del cuerpo (la relación cuello cabeza espalda). 

La respuesta ante esta situación, según la Técnica Alexander, es volver al punto cero, reeducar, redirigir. Siempre partiendo de la base de que da igual la parte del cuerpo que usemos (pies, dedos, manos o voz), somos un todo que hay que controlar. Así la técnica Alexander no sólo educa en movimientos o posturas, también en cómo estamos quietos, cómo respiramos, como aprendemos, como organizamos nuestra conciencia, nuestra atención y sobre todo cómo elegimos nuestras reacciones frente a una situación demandante. En definitiva, una disciplina mental y reflexiva y esencialmente práctica para resolver cualquier tipo de problema. 



12 de diciembre de 2013

MUSICOGRAMAS/ Música más allá del pentagrama



En el año 1973 el musicólogo y antropólogo John Blacking lanzaba una pregunta al aire: ¿Está la música dentro de nosotros siendo una de nuestras manifestaciones culturales más ancestrales tal y como demuestran vestigios arqueológicos a lo largo de todo el planeta? Y si es así, ¿porqué a menudo se considera  una actividad restringida a unos pocos? El análisis sociológico y antoprológico de todas estas cuestiones quedó plasmado en un ensayo, ¿Hay música en el hombre? (1973), que ahondaba sobre todos los aspectos de la musicalidad humana. La conclusión de esta exposición es que todos los seres humanos somos capaces de hacer música y, de la misma forma, todos somos capaces de apreciarla.  Sin embargo, es cierto que para enseñar y aprender música o para interpretarla (especialmente, música clásica), no basta con el instinto, sino que hay que tener ciertos conocimientos, y es en este punto donde parece romperse levemente la barrera entre lo cultural-antropológico y lo intelectual. 


Quizá guiado por esta conclusión, el el pedagogo musical de origen belga Jos Wuytack decidió crear, en aquella misma década, un método para enseñar a “escuchar” y valorar música clásica a niños pequeños y a jóvenes que por cualquier motivo carecían de conocimientos estrictamente musicales. Gracias a este método, Wuytack, amigo y alumno de compositor Karl Orff, se convirtió en uno de los divulgadores musicales más importantes de este siglo, que ha extendido su metodología a través de la siguiente premisa: hemos pasado de oír música a aprender a oír música. En realidad, lo que Wuytack hizo fue evolucionar y mejorar el método didáctico heredado desarrollado por el que fuera su mentor.

El “ Método de Audición Activa 

Durante muchos años, podemos decir que siglos, era difícil entender la música sin solfeo. Y era más difícil enseñar música sin solfeo. Sin embargo, Wuytack, al igual que Karl Orff, estaba convencido de que la música sin solfeo también era posible, ya que los niños en la escuela y desde muy temprana edad, pueden realizar actividades musicales orientadas a desarrollar su expresión corporal y lingüística, además de ser parte de su propia educación musical. La principal diferencia es que Orff concibió estos principios como algo “externo”, extraescolar, mientras que Wuytack lo concibió como un sistema válido para llevarlo a las escuelas y aplicarlo de forma progresiva a todos los niños y desde edades muy tempranas.

Wuytack 

Karl Orff

Hablar de “Método de Audición Activa” es precisamente eso: hablar de actividad y de dinamismo. Wuytack lo desarrolló defendiendo en todo momento la necesidad de participar en la música para poder entenderla, apreciarla. Es por eso, que los niños no son meros “oyentes pasivos”, cobrando así un papel protagonista dentro del aprendizaje. Para ello se utilizan distintos elementos y recursos como por ejemplo danzas, acompañamientos corales y apoyos gráficos y/o audiovisuales. Estos factores son los que confieren al método Wuytack la catalogación de metodología didáctica dinámica, activa y realista. 

El objetivo de esta metodología y que se convierte a su vez en su gran ventaja es que la música se simplifica a un lenguaje muy claro, fácilmente comprensible por los niños, desde edades muy tempranas. Además, el hecho de trabajar con distintos soportes (musicogramas, vídeo, audio y material multimedia) llama la atención de los alumnos, que se acercan a la música porque la reconocen como algo atractivo. Por otra parte, los alumnos participan en el proceso de la construcción de su propio conocimiento, por lo que la adquisición de contenidos se hace igualmente, pero de manera más fácil y amena, garantizado que perdurarán en el conocimiento del alumno. 




Musicogramas: una recurso lleno de posibilidades

Además del "Método de Audición Activa", Wuytack está considerado como el padre de los musicogramas. Como su nombre indica, los musicogramas son, a grandes rasgos, representaciones gráficas de la música. Seguramente un niño, con cierta dosis de inocencia y no sin razón, podría describir un musicograma como “pintar la música”. Y es que, al contrario de lo que ocurre con la música, que al escucharla no podemos ver su estructura, las artes visuales se representan en el espacio y pueden verse en un lugar y en un momento concreto. Por lo tanto, los musicogramas funden lo que vemos y lo que oímos, siendo una representación gráfica de lo que podemos percibir durante la escucha de una representación musical. 



La forma de representar la música es de lo más variado, puesto que los musicogramas representan lo que más interese en cada momento, bien sea con formas, con colores, con dibujos de instrumentos musicales, etc. Ritmo, melodía, textura, timbre, dinámica, todo puede quedar representado en un musicograma. Lo habitual es que usados como recurso didáctico los musicogramas utilicen los principios psicológicos de la percepción. Por ejemplo, los colores indican semejanza o volumen, la línea horizontal sobre la que se colocan los elementos la métrica (eje cronológico) y los símbolos de los instrumentos la propia instrumentación según su orden de aparición en la partitura. 

La fusión de elementos es libre y sugerente, dependiendo, como decíamos anteriormente, de lo que queramos resaltar en cada momento. La creatividad está abierta a modelos y formas variadas. Además, el desarrollo de las TIC y las herramientas 2.0 juegan un importante papel a la hora crear y trabajar con musicogramas. Si antes lo habitual era encontrar musicogramas en papel, ahora es habitual verlos en vídeo, en power point e incluso en animaciones flash. Todos estos nuevos formatos ayudan a enriquecer los musicogramas haciéndolos más atractivos y “contemporáneos” para los niños. El hecho de poder incorporar imagen, audio y movimiento en un mismo formato, lo que aumenta las posibilidades de visualización e interactividad. 



Por supuesto las posibilidades son infinitas. Como muestra, estos musicogramas de una misma obra: “En un mercado persa" de Albert Ketelbey. 



¿Aún no conoces nuestros métodos de aprendizaje musical para niños y para mayores?

3 de diciembre de 2013

APUNTES DE PERCUSIÓN/ Puesta a punto para tocar la batería




Calentar antes de tocar cualquier instrumento es fundamental al igual que lo es mantener una posición adecuada durante la ejecución de una pieza. Esto es aplicable a  todos los instrumentos independientemente de que sean de cuerda, de viento o de percusión. Sin embargo, hay un instrumento y unos músicos que requieren una especial atención y forma física para ser tocados: la batería.

Tocar la batería es una actividad musical compleja. Requiere mucha concentración, coordinación y habilidad, pero también una preparación corporal centrada en la resistencia muscular y física, especialmente en las zonas que más pueden sufrir por una mala postura o por una sesión prolongada. Así pues, además de una buena postura, un batería (o baterista) debe centrar parte de su atención en fortalecer algunas partes de su cuerpo como el cuello, los hombros y la zona lumbar. Por eso es aconsejable que los músicos que se decidan por tocar este instrumento realicen regularmente alguna actividad aeróbica para aumentar sus niveles de energía, su resistencia y también para mejorar su condición cardiovascular. 

Cuidado con la postura

Es muy fácil que una persona que toque la batería adquiera “malos vicios” posturales, igual que ocurre al trabajar muchas horas en una oficina o delante de un ordenador. La batería es un instrumento que requiere posicionar los brazos y las manos frente a tu cuerpo para poder tocar. No es una postura "natural", y por eso muchos músicos tienden a arquear la espalda y a dejar colgados los ligamentos de su columna vertebral. Por otra parte, debido a la disposición de los equipos de percusión estándar y las exigencias físicas de la batería, es muchas ocasiones loa bateristas tienen que estirar sus cuellos, forzando estos músculos. Y por supuesto, tenemos que tener en cuenta que para tocar la batería hay que estar sentado, por lo que son los discos intervertebrales de la parte baja de la espalda están bajo presión constante, tanto por estar sentados como por tener una postura un poco encorvada. En definitiva, es conveniente que los bateristas se sometan a una corrección postural continua introduciendo en sus rutinas de calentamiento movimientos de extensión de la columna vertebral.





¿Cómo prevenir lesiones causadas por una mala postura a la hora de tocar la batería? Lo mejor es realizar ejercicios de estabilización de espalda junto con ejercicios de mejora en la postura al tocar la batería. Un ejercicio sencillo es el cuadrúpedo,  un ejercicio efectivo para el desarrollo de espalda central y baja, y que se realiza “a cuatro patas”, levantando un brazo y una pierna y manteniéndolas en tensión durante veinte o treinta segundos.  La extensión de las caderas y los hombros significa que da tanto a las partes superior e inferior del cuerpo un gran ejercicio mientras mejora el equilibrio y la coordinación generales 

Para evitar las lesiones y los dolores de cuello y cabeza es conveniente realizar estiramientos que destensen los músculos del cuello y movilizar las articulaciones vertebrales en múltiples direcciones. Uno de los ejercicios para fortalecer el cuello y prevenir dolores  flexionar el cuello lentamente hacia delante, atrás y los laterales hasta el rango final de tu cuello, ayudándote suavemente de los dedos para alcanzar ese rango final que permite que el estiramiento sea efectivo.

Las muñecas, el instrumeno “de oro” de los percusionistas

Tocar la batería implica, además de una gran exigencia  postural, movimientos simultáneos de pies y brazos. Es por eso los calambres en pies y brazos (sobre todo en el antebrazo) son comunes. La solución a este problema es un buen calentamiento antes y después de la sesión de batería y los masajes (automasajes) después de cada calentamiento y en medio de cada sesión, a modo de descanso.  

Pero hay otros partes de cuerpo que sufren mucho y esto se aplica tanto a bateristas como a percusionistas en general. Los instrumentos de percusión originan su sonido al ser golpeados o agitados de una manera directa o indirecta (con las manos o con unas baquetas, por ejemplo) y son las muñecas las que más daño pueden sufrir si no se sabe “golpear” correctamente el instrumento. Como decimos, esto es aplicable a los bateristas pero también a aquellos músicos que tocan otros instrumentos de percusión como xilófonos, maracas, castañuelas, timbales, carracas o congas.  




La tendinitis en las manos y muñecas pueden ser sufridas por todos los músicos que tocan un instrumento de percusión. Uno de los problemas más importantes es el “síndrome del túnel carpiano” , una dolencia producida por un aumento de presión sobre el nervio mediano a nivel de la muñeca. Otra de las lesiones más habituales es el conocido como “dedo de gatillo”. Esta lesión es más común en guitarristas, pero es extensible también a los bateristas. En este caso, el dedo, literalmente se traba, se queda atascado. Eso se debe a que el tendón flexor se encuentra engrosado y no puede deslizarse por debajo de la polea que lo fija al hueso. Su nombre científico es tenosinovitis estenosante y te imposibilita extender el dedo afectado. 

Los ejercicios recomendados para evitar lesiones en tus muñecas son aquellos especializados en fortalecerlas. Por ejemplo, es aconsejable practicar ejercicios de batería sobre obre una almohadilla de práctica o una superficie que no rebote como por ejemplo una almohada. Con esta actividad serán tus muñecas las que controlarán totalmente la fuerza de las baquetas en lugar de que sea la “energía” del rebote en el parche quien lo haga. 


A modo de conclusión, podemos decir que independientemente de que sea baterista, percusionista o intérprete de cualquier otro instrumento,  hay que tener en cuenta que desde la primera clase hasta el final de sus estudios y de su carrera profesional los músicos pasan muchas horas repitiendo gestos y movimientos. Por lo tanto, los ejercicios físicos de flexibilidad, estiramientos, calentamientos y tonificación son la mejor ayuda para el mejor rendimiento del instrumentalista, que podrá interpretar sus obras con menor estrés, mayor libertad y comodidad y menor riesgo de lesiones. 

18 de noviembre de 2013

EL EFECTO MOZART /¿Qué tipo de música nos hace más inteligentes?


La música amansa a las fieras. También calma el llanto de los niños. Algunos la usan para relajarse y otros para activarse, e incluso hay zapatillas deportivas que incorporan un pequeño dispositivo en la suela que  nos permite correr al ritmo que nos mandan las notas más graves. Escuchar una canción alegre puede ayudar a fortalecer nuestro estado de ánimo, mientras que si escuchamos un tema que nos deprime podemos “invocar” sentimientos más pesimistas. Un ejemplo que los expertos utilizan para corroborar esta teoría es el Quinteto en Sol menor K516, composición que Mozart acabó el 16 de mayo de 1787, justo doce días antes del fallecimiento de su padre. La tonalidad elegida por el compositor (sol menor) le permite hacernos llegar a través de la música los sentimientos encontrados que podía estar viviendo en un momento así, desde lo más dramático y tormentoso a lo más dulce, honesto e infantil.


Mozart String Quintet G min, K.516 Cornelia Löscher, Benjamin 
Bowman, Michel Camille, Steven Dann y Anssi Karttune (2011)

La música, pues es un método de expresión prácticamente innato del ser humano. Ahora un reciente estudio publicado por la Universidad de Huelva con niños de seis años asegura que la música no sólo aumenta la comprensión oral de una segunda lengua no materna (como puede ser el inglés) sino que además sirve para mejorar la producción oral y lectora de los más pequeños. 

La relación entre música (especialmente clásica) e inteligencia se estableció hace siglos. No es casualidad, por ejemplo que casi todos los llamados “genios” sintieran una fuerte pasión por ella. Con el paso de los años se ha comprobado que no sólo de “clásica” vive el hombre, y que escuchar  cualquier tipo de música una media de 30 minutos de música al día no sólo relaja la mente sino que genera otros beneficios en el organismo. 


Mozart niño

Los efectos neurológicos de la música son muchísimos. De hecho, es una de las actividades artísticas cuyos resultados son más estudiados. Durante los años 90 del siglo pasado llegó a extenderse una teoría al respecto, conocida como efecto Mozart, y que se apoyaba en una serie de estudios de campo según los cuales escuchar al compositor austriaco incrementaba la inteligencia de los bebés.  Con el tiempo se ha comprobado que aquella teoría no era del todo cierta.  En el año 2006 se realizó en el Reino Unido una investigación en la que ocho mil niños de entre 6 y 12 años que escuchaban música durante los diez minutos previos a una prueba de conocimientos generales. De todos los niños, la mitad escucharon a Mozart y la otra mitad tres canciones del grupo pop Blur. Sorprendentemente y contra lo que muchos pensaban, los niños que escuchaban las canciones Pop les iba mejor en las pruebas que aquellos que escuchaban Mozart. Algunos años después, en el 2010, la Universidad de Viena publicó un estudio en la revista Intelligence que echaba por tierra las teorías que la psicóloga de la Universidad de Wisconsin Frances Rauscher y el neurobiólogo Gordon Shaw habían publicado en la revista Nature en 1993 y que habían dado origen al mítico efecto Mozart.  

Sin embargo, esta “leyenda” sobre si escuchar a Mozart nos hace más inteligentes o no, tiene su base científica real. Lo que ocurre es que la clave no está en el tipo de música que escuchamos sino en el volumen, en el ritmo y en el tipo de emociones que ésta nos genera. 


La sonata para dos pianos en re mayor, K448, de Mozart, 
una de las canciones básicas del Efecto Mozart


¿Dónde el mito y dónde la realidad del efecto Mozart?




La música no sólo influyen en nuestro estado de ánimo de forma eventual o inmediata, aunque sí que es cierto que nos ayuda a producir dopamina, un neurotransmisor relacionado con los sistemas de recompensa abstracta (lejos de otro tipo de placeres más  producidos por instintos más básicos como por ejemplo la comida) y que genera bienestar.  La generación de dopamina en una madre embarazada beneficia al bebé, que percibirá ese bienestar como suyo, y generará desde un estado fetal un desarrollo de las emociones temprano. Por otra parte, el sistema auditivo comienza a desarrollarse en el último trimestre de gestación, hacia el quinto mes de embarazo. Así que, desde ese momento, el bebé es capaz de reaccionar a los mismos estímulos sonoros que recibe su madre.

A nivel neurológico la enseñanza musical acelera el desarrollo del córtex cerebral de los niños y tiene un efecto positivo sobre la memoria y la atención, facilitando el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas. La explicación no está tanto en el tipo de música que un niño escuche sino en el volumen y sobre todo, en el ritmo de ésta. Además, por supuesto, de que el niño se sienta identificado de alguna forma con esta música, y que ésta le genera un tipo de recuerdos/emociones u otros. Pero sobre todo, la respuesta a porqué la música influye tanto en el cerebro de los niños es que es capaz de estimular  las mismas áreas del cerebro implicadas en la percepción musical intervienen también en el lenguaje y las tareas de lectura. De ahí que sirva para reforzar un desarrollo más favorable de las habilidades lingüísticas y cognitivas de los niños. Y por eso que algunos quisieran darle todo el mérito a Mozart, aunque en realidad, Schubert, Beethoven, Puccini o Bach podrían adjudicarse el mismo efecto. También otros compositores de música jazz, blues, funky y rock.


Lo que es innegable es que una estimulación musical temprana ayuda a que el niño desarrolle de forma más fácil ciertas capacidades cognitivas y motoras (si añadimos a la música otras actividades relacionadas como la danza o el canto). La edad de refuerzo de estas capacidades es a partir de los cuatro años. En estos primeros años, los niños estimulados musicalmente desarrollan su parte lógica son capaces de buscar solución a pequeños problemas y el sentido del equilibro y la musculatura. Cuando el niño es un poco más mayor, la música y otras actividades relacionadas, como la danza, le brindan la oportunidad de interactuar con adultos además de fortalecer su imaginación y su capacidad creativa. 


A partir de los 3 años los niños pueden aprender signos musicales como el pentagrama, la clave de sol o las notas musicales. Conceptos como la duración, la velocidad, la altura y la intensidad musical; y consiguen que se familiaricen con los instrumentos musicales. Más info

Y ahí no queda todo: lo que escuchamos siendo niños puede influir en nuestro desarrollo emocional y también cuando somos adultos. Configurar a la largo de nuestra vida cierta sensibilidad relacionada con la música puede traernos muchos beneficios. Un reciente estudio publicado por la prestigiosa revista científica Journal of Neuroscience asegura, por ejemplo,  que las personas que recibieron clases de música siendo niños o que han tocado algún instrumento en su infancia y juventud envejecen de forma más saludable, y que tienen una respuesta cerebral más rápida a los sonidos y las voces. 


30 de septiembre de 2013

LENGUAJE MUSICAL



Impromptu Editores acaba de publicar el cuarto volumen de Fortísimo Entonación volumen 4, libro que completa el grado elemental de la asignatura de Lenguaje Musical. Fortíssimo consta de dos libros por curso, Fortíssimo Ritmo y Fortíssimo Entonación.

Se trata de la más moderna apuesta metodológica que potencia los recursos que el alumno tiene a su alcance; intuición, memoria, lógica, trabajo, ..., el uso de las tres claves para que el alumno se hatbiúe a la lectura utilizando la interválica, así como el trabajo del sistema de lectura de alturas, logrando el objetivo de una formación sólida en el grado elemental del Lenguaje Musical.

Fortíssimo se nutre de fragmetnos de compositores como Mozart, Bach, Purcell, Beethoven, ..., canciones populares y popularizadas para que al mismo tiempo que aprenden, conozcan el repertorio básico y a sus compositores. Extensión, elementos de expresión y combinación de dificultades donde el alumno sienta que hace música y que no se trata de meros ejercicios. Todos los volúmenes de la colección Fortíssimo Entonación se complementan con un CD.

BIENVENIDO A IMPROMPTU


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Les damos la bienvenida al blog de Impromptu donde queremos compartir nuestras inquietudes y experiencias en temas de música clásica y, en especial, sobre las bandas de música.

Impromptu, nace como un concepto innovador de editorial musical y promoción de compositores, fruto de la inquietud por la mejora constante. Hablaremos de metodologías de aprendizaje musical, debatiremos sobre las nuevas tendencias en métodos, contrastaremos opiniones sobre armonía clásica o jazz y os recomendaremos libros técnicos y las piezas musicales que más se adaptan para cada necesidad.

Descifraremos las claves de diferentes composiciones musicales, haciendo hincapié en las obras para banda y orquesta de los compositores con mayor reconocimiento internacional.

Además de nuestra faceta editorial, pretendemos que Impromptu sea un lugar de encuentro para los compositores, un espacio de promoción y colaboración en el que hacer realidad tus ideas sobre el mundo de la música, que también son las nuestras.