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9 de mayo de 2014

LECTORES DE MÚSICA / ¿Qué buscan los lectores musicales?


La música es uno de los productos culturales más antiguos que se conoce. Quizá por eso otras manifestaciones artísticas como la literatura, la pintura, la escultura, la danza o el teatro han bebido desde sus orígenes de ella, bien como inspiración o bien como una parte intrínseca de ella, como por ejemplo en el caso de la danza o del teatro. En todo caso la relación de la música con el resto de las artes clásicas es longeva: la música nació de la imitación de los sonidos de la naturaleza, y la literatura, especialmente la poesía, como un intento de poner palabras a esos sonidos. Por otra parte, la música estaba destinada al baile, que en sus orígenes tenía un carácter ceremonial o sagrado. Con el tiempo, las canciones (música y letra) se convirtieron en una forma de instruir y de adoctrinar la memoria colectiva de cada comunidad loando valores morales, pautas y normas. Después, cuando el ser humano sintió la necesidad de expresarse y hacer oír sus sentimientos, recurrió a esta misma fórmula: movimientos de cuerpo que se acompañaban de sonidos que cada vez se iban enriqueciendo con un ritmo y una melodía adecuada y, finalmente, con palabras. Pasados los años ambas artes se desarrollaron por separado, introduciendo sus propios géneros y características, pero siempre “mirándose” la una a la otra. 

Como vemos, la relación entre música y literatura es una de las más fructíferas que existe. Su fusión ha sido estudiada durante siglos por la cantidad de paralelismos, similitudes, divergencias e influencias que existen en ambas expresiones artísticas. Algunos géneros se convierten en híbridos de ambas, como por ejemplo la ópera, el lied o la mélodie française del siglo XIX. También los musicales, tal y como los concebimos hoy en día, funden ambas artes, en este caso la música con un género de la literatura, que es el teatro. Por eso, la música, además de escucharse o interpretarse, también puede leerse. Y no nos referimos a la lectura de pentagramas si no a que, en muchos casos, la música se convierte en el centro, en el tema de discusión, debate o desarrollo de todo tipo de obras literarias, desde tratados de música que han inspirado a filósofos de todos los tiempos hasta ensayos, crónicas, biografías o críticas musicales. Esto hace que la música (es decir, los libros de música) tenga un importante peso en el mercado editorial. 

En todo caso, lo que muchos se preguntan es si fue antes la demanda de libros musicales o la oferta, lo que plantea la posibilidad de que exista en el mercado editorial actual una “burbuja” de libros sobre música. 

Posibles causas de un aumento de libros en este sector

Es curioso que el aumento del sector editorial especializado en música contraste con la caída de ventas en el último año: según la FGEE (Federación de Gremios de Escritores de España) en los seis primeros de 2013 se publicaron aproximadamente un 20% menos de títulos que en el mismo periodo de 2012. Sin embargo, en el caso de la música no es así. ¿Desde cuando? El fenómeno parece relativamente reciente, “exportado” (en música pasa habitualmente) del mundo anglosajón, independientemente de que se trate de libros especializados en música popular, clásica o experimental. 

¿Cuáles son los motivos de este aumento? Una de las posibles causas es que aquel que se considera un amante de la música se convierta también en lector como una forma de reivindicación ante el perceptor de música popular. En este sentido, está claro que el número de personas que escuchan música es mucho mayor que el que lee sobre música, dándole a estos segundos un toque diferenciador, quizá a veces  un tanto “elitista”. Por otra parte, la lectura de libros de música no sustituye a la compra de CD, así que no hablamos de una migración de productos culturales. En este sentido si que hay que hacer un breve inciso sobre el importante papel la crítica musical dentro del panorama editorial. Cada vez se demandan más libros que sean recopilaciones de artículos de revistas y medios “tradicionales” o digitales escritor por críticos musicales de cierto prestigio. 

Otro de los motivos del aumento de libros de música podría ser el fenómeno "fan" que hemos heredado de los años noventa y que parece revivir en esta nueva década, lo que explicaría la proliferación de libros de música orientados a seguidores de un grupo o un músico relativamente actual que incluiría, por ejemplo, biografías, álbumes fotográficos de giras y, en definitiva, material que roza el “fetichismo” y que tiene un público mucho más concreto. 

Y finalmente encontraríamos una explicación al aumento de ciertos tipos de libros de música vinculado al propio devenir de la industria editorial contemporánea y que, de alguna forma, ha tenido que adaptarse a los gustos de los consumidores. En este sentido, el campo de los libros de música se ha visto “invadido” al igual que otros nichos del mercado editorial por la alimentación de leyendas (en este caso, musicales), la deconstrucción de estos mismos iconos, las autobiografías que rompen esquemas, los libros que intentan averiguar las claves del éxito de un grupo o de una canción o aquellas publicaciones que nos ofrecen los detalles más escabrosos de una estrella del negocio. En este sentido son las propias editoriales las que deben apostar por los productos a editar dependiendo de sus lectores/clientes. En todo casi hay que tener algo claro: la calidad de un músico no siempre es proporcional a un libro escritor por él o sobre él. 

¿Qué buscan los lectores de libros de música?

Existen muchos lectores de libros de música. Los motivos que les llevan a consumir este tipo de productos son tantos como el número de lectores. Sin embargo, sí que parece establecerse un punto común en todos ellos que es la búsqueda de un contacto mayor con el músico, en su faceta de artista y también como persona. Evidentemente el número de personas interesada en establecer estos “vínculos afectivos” es mucho menor que la escucha músical. Por esto, tradicionalmente el comprador de este tipo de libros es más exigente que el comprador al uso, y esto es igual para el que compra libros sobre música clásica, que el lo hace sobre jazz, pop o rock o quien lo hace sobre aprendizaje musical. Los compradores de libros de música exigen, normalmente, ediciones bien hechas, más cuidadas y en las que el diseño y la imagen tienen un peso considerable. 

Las temáticas que buscan estos lectores también son muy variadas. Destacan especialmente los libros que van dirigidos a la formación y el aprendizaje en el sentido más amplio de la palabra, es decir, desde los libros de aprendizaje musical de educación infantil (también llamados jardín musical) hasta los utilizados en las enseñanzas regladas de conservatorio, pasando por las metodologías y técnicas de mejora que interesan a músicos profesionales. Los libros técnicos y sobre cuestiones estéticas y filosóficas y las biografías de nombres propios de la música y los libros dedicados a la crítica musical completan el grueso de productos editoriales más demandados por el lector de música.

12 de diciembre de 2013

MUSICOGRAMAS/ Música más allá del pentagrama



En el año 1973 el musicólogo y antropólogo John Blacking lanzaba una pregunta al aire: ¿Está la música dentro de nosotros siendo una de nuestras manifestaciones culturales más ancestrales tal y como demuestran vestigios arqueológicos a lo largo de todo el planeta? Y si es así, ¿porqué a menudo se considera  una actividad restringida a unos pocos? El análisis sociológico y antoprológico de todas estas cuestiones quedó plasmado en un ensayo, ¿Hay música en el hombre? (1973), que ahondaba sobre todos los aspectos de la musicalidad humana. La conclusión de esta exposición es que todos los seres humanos somos capaces de hacer música y, de la misma forma, todos somos capaces de apreciarla.  Sin embargo, es cierto que para enseñar y aprender música o para interpretarla (especialmente, música clásica), no basta con el instinto, sino que hay que tener ciertos conocimientos, y es en este punto donde parece romperse levemente la barrera entre lo cultural-antropológico y lo intelectual. 


Quizá guiado por esta conclusión, el el pedagogo musical de origen belga Jos Wuytack decidió crear, en aquella misma década, un método para enseñar a “escuchar” y valorar música clásica a niños pequeños y a jóvenes que por cualquier motivo carecían de conocimientos estrictamente musicales. Gracias a este método, Wuytack, amigo y alumno de compositor Karl Orff, se convirtió en uno de los divulgadores musicales más importantes de este siglo, que ha extendido su metodología a través de la siguiente premisa: hemos pasado de oír música a aprender a oír música. En realidad, lo que Wuytack hizo fue evolucionar y mejorar el método didáctico heredado desarrollado por el que fuera su mentor.

El “ Método de Audición Activa 

Durante muchos años, podemos decir que siglos, era difícil entender la música sin solfeo. Y era más difícil enseñar música sin solfeo. Sin embargo, Wuytack, al igual que Karl Orff, estaba convencido de que la música sin solfeo también era posible, ya que los niños en la escuela y desde muy temprana edad, pueden realizar actividades musicales orientadas a desarrollar su expresión corporal y lingüística, además de ser parte de su propia educación musical. La principal diferencia es que Orff concibió estos principios como algo “externo”, extraescolar, mientras que Wuytack lo concibió como un sistema válido para llevarlo a las escuelas y aplicarlo de forma progresiva a todos los niños y desde edades muy tempranas.

Wuytack 

Karl Orff

Hablar de “Método de Audición Activa” es precisamente eso: hablar de actividad y de dinamismo. Wuytack lo desarrolló defendiendo en todo momento la necesidad de participar en la música para poder entenderla, apreciarla. Es por eso, que los niños no son meros “oyentes pasivos”, cobrando así un papel protagonista dentro del aprendizaje. Para ello se utilizan distintos elementos y recursos como por ejemplo danzas, acompañamientos corales y apoyos gráficos y/o audiovisuales. Estos factores son los que confieren al método Wuytack la catalogación de metodología didáctica dinámica, activa y realista. 

El objetivo de esta metodología y que se convierte a su vez en su gran ventaja es que la música se simplifica a un lenguaje muy claro, fácilmente comprensible por los niños, desde edades muy tempranas. Además, el hecho de trabajar con distintos soportes (musicogramas, vídeo, audio y material multimedia) llama la atención de los alumnos, que se acercan a la música porque la reconocen como algo atractivo. Por otra parte, los alumnos participan en el proceso de la construcción de su propio conocimiento, por lo que la adquisición de contenidos se hace igualmente, pero de manera más fácil y amena, garantizado que perdurarán en el conocimiento del alumno. 




Musicogramas: una recurso lleno de posibilidades

Además del "Método de Audición Activa", Wuytack está considerado como el padre de los musicogramas. Como su nombre indica, los musicogramas son, a grandes rasgos, representaciones gráficas de la música. Seguramente un niño, con cierta dosis de inocencia y no sin razón, podría describir un musicograma como “pintar la música”. Y es que, al contrario de lo que ocurre con la música, que al escucharla no podemos ver su estructura, las artes visuales se representan en el espacio y pueden verse en un lugar y en un momento concreto. Por lo tanto, los musicogramas funden lo que vemos y lo que oímos, siendo una representación gráfica de lo que podemos percibir durante la escucha de una representación musical. 



La forma de representar la música es de lo más variado, puesto que los musicogramas representan lo que más interese en cada momento, bien sea con formas, con colores, con dibujos de instrumentos musicales, etc. Ritmo, melodía, textura, timbre, dinámica, todo puede quedar representado en un musicograma. Lo habitual es que usados como recurso didáctico los musicogramas utilicen los principios psicológicos de la percepción. Por ejemplo, los colores indican semejanza o volumen, la línea horizontal sobre la que se colocan los elementos la métrica (eje cronológico) y los símbolos de los instrumentos la propia instrumentación según su orden de aparición en la partitura. 

La fusión de elementos es libre y sugerente, dependiendo, como decíamos anteriormente, de lo que queramos resaltar en cada momento. La creatividad está abierta a modelos y formas variadas. Además, el desarrollo de las TIC y las herramientas 2.0 juegan un importante papel a la hora crear y trabajar con musicogramas. Si antes lo habitual era encontrar musicogramas en papel, ahora es habitual verlos en vídeo, en power point e incluso en animaciones flash. Todos estos nuevos formatos ayudan a enriquecer los musicogramas haciéndolos más atractivos y “contemporáneos” para los niños. El hecho de poder incorporar imagen, audio y movimiento en un mismo formato, lo que aumenta las posibilidades de visualización e interactividad. 



Por supuesto las posibilidades son infinitas. Como muestra, estos musicogramas de una misma obra: “En un mercado persa" de Albert Ketelbey. 



¿Aún no conoces nuestros métodos de aprendizaje musical para niños y para mayores?

19 de noviembre de 2013

BUDDY BOLDEN/ Del “hot” al jazz


El jazz nació a finales del siglo XIX en EEUU. Surgió como música marginal en los suburbios de Nueva Orleans y pronto se extendió a otras ciudades como Chicago o Nueva York, convirtiéndose en tendencia y género musical por excelencia de la década de los años 30, ya en el siglo XX. Al hablar de los orígenes del jazz los musicólogos utilizan distintos géneros matriz entre ellos  el “hot” o el “dixieland”. Respecto al primero, el “hot”, era un tipo de música que utilizaba ritmos más cálidos afinados con instrumentos de metal, especialmente trompetas. De hecho, las bandas tipo “hot” estaban integradas por instrumentos como el trombón, la trompeta o el clarinete, un instrumento armónico (normalmente el banjo) y uno para marcar los bajos. En sus primeros tiempos también se usaba el violín, más extendido y que podía sustituir a los instrumentos de metal. El segundo de estos géneros, el “dixie” será el probablemente más se acerque al jazz tal y como lo conocemos. Es una forma de hacer música cercana al swing que se desarrolló en ciudades como Chicago o Nueva York a imitación de los sonidos del estilo originario de Nueva Orleans. 

Existen diversas teorías sobre porqué aquel nuevo género, el “hot”, que bebía de otros como las marchas militares, la música tradicional afroamericana o el blues, fue bautizado con ese nombre. Según los historiadores se debe a la fusión de dos ideas que, en definitiva,  definen los rasgos o características del jazz. En aquellos años en Nueva Orleans vivían muchos sirvientes negros que habían sido criados de franceses y que normalmente habían recibido educación y técnica musical. Ellos aludían a este tipo de música como “haut” (alto) porque debía tocarse en un volumen más alto de lo normal ya que esta música solía tocarse al aire libre, en la calle o en locales grandes. Ese “alto” también hacía referencia a los tonos, que eran más agudos. Por otra parte,en aquella misma ciudad,  estaban los antiguos esclavos de  colonos ingleses, generalmente analfabetos  y que identificaron el vocablo francés “haut” con la palabra inglesa “hot”, haciendo suyas características de este adjetivo como la  improvisación, la estridencia y la espontaneidad. 



Finalmente el “hot” se caracterizará tener todos estos componentes junto

  • volumen y tono altos
  • improvisación
  • estridencia 
  • espontaneidad

¿Quienes inventaron el hot jazz? 

Estamos en el Nueva Orleans de finales del siglo XIX. La ciudad era entonces un importante puerto comercial en el que convivía un crisol de culturas y gentes. La Guerra de Secesión había acabado en 1865 y muchas explotaciones agrícolas habían desaparecido tras la contienda. Los antiguos esclavos vivían ahora en los suburbios y barrios periféricos de las ciudades, y se reunían para bailar y tocar su música. Mantenían algunas tradiciones como la de acompañar  a los muertos hasta los cementerios acompañados por bandas de música. Por otra parte, la disgregación de las bandas militares tras la guerra abrió un nuevo mercado de instrumentos de segunda mano, a muy buen precio. Por una cuestión cultural, aquellos antiguos esclavos conocían los instrumentos y estaban familiarizados con unos nuevos géneros musicales que parecían hacer furor entre la gente y que procedían de su cultura. Esto les permitió integrarse rápidamente en el mundo del espectáculo en aquella ciudad de agitada vida nocturna, especialmente como integrantes en compañías de vodevil y minstrel, géneros en crecimiento en aquel momento. 




Las improvisadas bandas de “hot” surgían en cualquier parte: en los barcos durante las travesías por el Mississipi, tras los funerales, en las casas de juego y lupanares o durante el Mardi Grass. Eran muchos los que tocaban, los que improvisaban, pero nadie lo hacía como un tal Buddy Bolden. La fama de Bolden alcanzó tal magnitud en el Nueva Orleans de entre siglos que es difícil distinguir lo que corresponde a la realidad y lo que corresponde a la leyenda. 

Buddy Bolden

Dicen que de día, Buddy Bolden (1877 – 1931)  era un hombre serio que regentaba una barbería, pero que por la noche era poseído por el espíritu de la música y era capaz de pasarse horas improvisando en fiestas, bares y funerales. Hay quien atribuye aquel énfasis a una supuesta esquizofrenia, enfermedad que le confinará en un centro psiquiátrico durante los últimos veinte años de su vida. Es cierto que la vida personal de Bolden es un tanto controvertida. Mujeriego y alcohólico, tenía también fama de ser un hombre violento. Pero en el terreno musical, sus notas rozaban la perfección. Era capaz de tocar el blues de la forma más lenta y de sacar de su corneta sonidos que jamás habían sido escuchados y hacerlo con un timbre y una potencia descomunal. A su talento musical se unía también una portentosa voz que hicieron que en muy poco tiempo  aquel chico conocido como Kid Bolden pasara a ser King Bolden, el nombre con el que pasaría a los anales como “inventor” de un género musical, el jazz, que por entonces aún no había nacido como tal. 

King Bolden tocó en mucha  formaciones hasta que en 1895 decidió formar su propia banda. Su estilo, depurado, madurado y personalizado con el paso del tiempo, le permitió conseguir mucho éxito en la primera década del siglo XX e influir en músicos de la talla de King Oliver, Jelly Roll Morton o Louis Amstrong. También es indiscutible el peso de Bolden en la Original Dixieland Jazz Band, formación originaria de Nueva Orleans y considerada la primera que hizo una grabación de jazz en el año 1917.




En el repertorio de Bolden había temas populares de baile llevados al ragtime y al blues, ambos en un sentido extremadamente lento, lo que hacía las delicias del público. Sin embargo, todo lo que conocemos de él es gracias a crónicas escritas que nos hablan de un increíble músico que tocaba la corneta como nadie. No existe ninguna grabación suya y su carrera se desarrolló antes de la expansión de la industria discográfica, lo que contribuye, todavía más, a alimentar la leyenda de King Bolden. Uno de los pocos temas que se atribuyen a Bolden es "Funky Butt", que más adelante sería conocida como "Buddy Bolden's Blues", canción que popularizó Jelly Roll Morton. (Abajo, versión de Jelly Roll Morton al piano y una más reciente del trompetista y compositor estadounidense Wynton Marsalis). 






En Impromptu Editores contamos con los métodos de los mejores autores, como Lolo García o Daniel Flors, para aprender jazz, soul, funky,..., ENLACE RELACIONADO: métodos de aprendizaje de jazz

Impromptu Editores, ¡pasión por la música!

18 de noviembre de 2013

EL EFECTO MOZART /¿Qué tipo de música nos hace más inteligentes?


La música amansa a las fieras. También calma el llanto de los niños. Algunos la usan para relajarse y otros para activarse, e incluso hay zapatillas deportivas que incorporan un pequeño dispositivo en la suela que  nos permite correr al ritmo que nos mandan las notas más graves. Escuchar una canción alegre puede ayudar a fortalecer nuestro estado de ánimo, mientras que si escuchamos un tema que nos deprime podemos “invocar” sentimientos más pesimistas. Un ejemplo que los expertos utilizan para corroborar esta teoría es el Quinteto en Sol menor K516, composición que Mozart acabó el 16 de mayo de 1787, justo doce días antes del fallecimiento de su padre. La tonalidad elegida por el compositor (sol menor) le permite hacernos llegar a través de la música los sentimientos encontrados que podía estar viviendo en un momento así, desde lo más dramático y tormentoso a lo más dulce, honesto e infantil.


Mozart String Quintet G min, K.516 Cornelia Löscher, Benjamin 
Bowman, Michel Camille, Steven Dann y Anssi Karttune (2011)

La música, pues es un método de expresión prácticamente innato del ser humano. Ahora un reciente estudio publicado por la Universidad de Huelva con niños de seis años asegura que la música no sólo aumenta la comprensión oral de una segunda lengua no materna (como puede ser el inglés) sino que además sirve para mejorar la producción oral y lectora de los más pequeños. 

La relación entre música (especialmente clásica) e inteligencia se estableció hace siglos. No es casualidad, por ejemplo que casi todos los llamados “genios” sintieran una fuerte pasión por ella. Con el paso de los años se ha comprobado que no sólo de “clásica” vive el hombre, y que escuchar  cualquier tipo de música una media de 30 minutos de música al día no sólo relaja la mente sino que genera otros beneficios en el organismo. 


Mozart niño

Los efectos neurológicos de la música son muchísimos. De hecho, es una de las actividades artísticas cuyos resultados son más estudiados. Durante los años 90 del siglo pasado llegó a extenderse una teoría al respecto, conocida como efecto Mozart, y que se apoyaba en una serie de estudios de campo según los cuales escuchar al compositor austriaco incrementaba la inteligencia de los bebés.  Con el tiempo se ha comprobado que aquella teoría no era del todo cierta.  En el año 2006 se realizó en el Reino Unido una investigación en la que ocho mil niños de entre 6 y 12 años que escuchaban música durante los diez minutos previos a una prueba de conocimientos generales. De todos los niños, la mitad escucharon a Mozart y la otra mitad tres canciones del grupo pop Blur. Sorprendentemente y contra lo que muchos pensaban, los niños que escuchaban las canciones Pop les iba mejor en las pruebas que aquellos que escuchaban Mozart. Algunos años después, en el 2010, la Universidad de Viena publicó un estudio en la revista Intelligence que echaba por tierra las teorías que la psicóloga de la Universidad de Wisconsin Frances Rauscher y el neurobiólogo Gordon Shaw habían publicado en la revista Nature en 1993 y que habían dado origen al mítico efecto Mozart.  

Sin embargo, esta “leyenda” sobre si escuchar a Mozart nos hace más inteligentes o no, tiene su base científica real. Lo que ocurre es que la clave no está en el tipo de música que escuchamos sino en el volumen, en el ritmo y en el tipo de emociones que ésta nos genera. 


La sonata para dos pianos en re mayor, K448, de Mozart, 
una de las canciones básicas del Efecto Mozart


¿Dónde el mito y dónde la realidad del efecto Mozart?




La música no sólo influyen en nuestro estado de ánimo de forma eventual o inmediata, aunque sí que es cierto que nos ayuda a producir dopamina, un neurotransmisor relacionado con los sistemas de recompensa abstracta (lejos de otro tipo de placeres más  producidos por instintos más básicos como por ejemplo la comida) y que genera bienestar.  La generación de dopamina en una madre embarazada beneficia al bebé, que percibirá ese bienestar como suyo, y generará desde un estado fetal un desarrollo de las emociones temprano. Por otra parte, el sistema auditivo comienza a desarrollarse en el último trimestre de gestación, hacia el quinto mes de embarazo. Así que, desde ese momento, el bebé es capaz de reaccionar a los mismos estímulos sonoros que recibe su madre.

A nivel neurológico la enseñanza musical acelera el desarrollo del córtex cerebral de los niños y tiene un efecto positivo sobre la memoria y la atención, facilitando el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas. La explicación no está tanto en el tipo de música que un niño escuche sino en el volumen y sobre todo, en el ritmo de ésta. Además, por supuesto, de que el niño se sienta identificado de alguna forma con esta música, y que ésta le genera un tipo de recuerdos/emociones u otros. Pero sobre todo, la respuesta a porqué la música influye tanto en el cerebro de los niños es que es capaz de estimular  las mismas áreas del cerebro implicadas en la percepción musical intervienen también en el lenguaje y las tareas de lectura. De ahí que sirva para reforzar un desarrollo más favorable de las habilidades lingüísticas y cognitivas de los niños. Y por eso que algunos quisieran darle todo el mérito a Mozart, aunque en realidad, Schubert, Beethoven, Puccini o Bach podrían adjudicarse el mismo efecto. También otros compositores de música jazz, blues, funky y rock.


Lo que es innegable es que una estimulación musical temprana ayuda a que el niño desarrolle de forma más fácil ciertas capacidades cognitivas y motoras (si añadimos a la música otras actividades relacionadas como la danza o el canto). La edad de refuerzo de estas capacidades es a partir de los cuatro años. En estos primeros años, los niños estimulados musicalmente desarrollan su parte lógica son capaces de buscar solución a pequeños problemas y el sentido del equilibro y la musculatura. Cuando el niño es un poco más mayor, la música y otras actividades relacionadas, como la danza, le brindan la oportunidad de interactuar con adultos además de fortalecer su imaginación y su capacidad creativa. 


A partir de los 3 años los niños pueden aprender signos musicales como el pentagrama, la clave de sol o las notas musicales. Conceptos como la duración, la velocidad, la altura y la intensidad musical; y consiguen que se familiaricen con los instrumentos musicales. Más info

Y ahí no queda todo: lo que escuchamos siendo niños puede influir en nuestro desarrollo emocional y también cuando somos adultos. Configurar a la largo de nuestra vida cierta sensibilidad relacionada con la música puede traernos muchos beneficios. Un reciente estudio publicado por la prestigiosa revista científica Journal of Neuroscience asegura, por ejemplo,  que las personas que recibieron clases de música siendo niños o que han tocado algún instrumento en su infancia y juventud envejecen de forma más saludable, y que tienen una respuesta cerebral más rápida a los sonidos y las voces. 


30 de septiembre de 2013

BIENVENIDO A IMPROMPTU


IMG_impromptu, editorial, valencia, saxofón

Les damos la bienvenida al blog de Impromptu donde queremos compartir nuestras inquietudes y experiencias en temas de música clásica y, en especial, sobre las bandas de música.

Impromptu, nace como un concepto innovador de editorial musical y promoción de compositores, fruto de la inquietud por la mejora constante. Hablaremos de metodologías de aprendizaje musical, debatiremos sobre las nuevas tendencias en métodos, contrastaremos opiniones sobre armonía clásica o jazz y os recomendaremos libros técnicos y las piezas musicales que más se adaptan para cada necesidad.

Descifraremos las claves de diferentes composiciones musicales, haciendo hincapié en las obras para banda y orquesta de los compositores con mayor reconocimiento internacional.

Además de nuestra faceta editorial, pretendemos que Impromptu sea un lugar de encuentro para los compositores, un espacio de promoción y colaboración en el que hacer realidad tus ideas sobre el mundo de la música, que también son las nuestras.